Hay una escena Evangélica relatada en Mateos (8:29-34), Marcos (5:1-20) y Lucas (8:26-39) que con pequeñas diferencias (región de los Gadarenos vs los Gerasenos; dos endemoniados vs un endemoniado) remarcan un evento que temporalmente acontece después de la tempestad en la que Cristo calma las aguas. El ámbito es en las afueras de una ciudad en la otra orilla del mar de Galilea, en el cementerio.

El relato es tan vívido que forma parte de los recuerdos biblícos infantiles: la serpiente en el paraíso, la zarza ardiendo, el cruce del mar rojo, la piara de cerdos que se tira al mar y la cruz del Gólgota. Hoy quiero que atravieses esa imagen infantil de los chanchos clavadistas para ir al núcleo del relato que contrasta el valor que tiene la vida humana para Cristo y para nosotros.

Yo creo que muchas veces nos comportamos como Gadarenos y eso trataré de demostrar en las siguientes líneas.

Cómo dice Jorge Wagensberg, observar: es encontrar la diferencia entre lo que parece igual y, comprender: es encontrar lo que tienen en común cosas que parecen distintas. Observemos las diferencias entre Cristo y los Gadarenos, para comprender luego las semejanzas entre los Gadarenos y nosotros.

 

Veamos los puntos sobresalientes del relato:

 

1. Después de la tempestad Cristo está junto a sus apóstoles en la periferia, en los márgenes, en un sitio alejado de la comodidad y la higiene.

2. Los únicos seres vivos son los porqueros, los cerdos, los demonios, los endemoniados, Cristo y los discípulos.

3. Allí sale a su encuentro, inesperadamente, un endemoniado que ha sido desterrado a habitar una tumba porque es incontrolable (inclusive Marcos agrega que rompe las cadenas y los grillos con las que intentaron sujetarlo y Lucas pone en evidencia de que estaba desnudo).

4. Cristo libera al poseso.

5. El precio del exorcismo es que una gran piara de cerdos se precipita al mar.

6. Los porqueros van a la ciudad a contar primero la desventura de los cerdos y adicionalmente la curación del endemoniado.

7. Los habitantes de la ciudad temerosos de lo que había pasado le ruegan a Cristo que se vaya.

8. Mateo termina allí su relato. Marcos y Lucas lo extienden pues muestran al recién curado vestido, higienizado y en sus cabales que les pide que lo lleven con ellos de regreso, pero Cristo le encomienda la misión de llevar su testimonio a la Decápolis.

 

Ahora comprendamos porqué somos herederos de los Gadarenos:

 

1. También nosotros desterramos a los indeseables. Sabemos que en nuestras ciudades hay congéneres que viven hacinados: en las villas, en las cárceles, en las viviendas abandonadas, hasta en nuestros asilos y muchas veces en geriátricos. Verdaderos cementerios dónde la muerte, la hediondez, la mugre, la droga, la enfermedad, la violencia, reinan ante nuestra indiferencia y nuestra comodidad.

2. En los márgenes de nuestras ciudades hay muchos que realizan tareas de las que nos beneficiamos, así como los porquerizos cuidaban los cerdos. Descargamos nuestros desechos y nos alimentamos de los productos de la periferia desconocida. Hoy más industrializada que ayer, pero no necesariamente más humana. Los migrantes de las zafras, los recolectores de frutas y tabaco, los criadores de cerdos y pollos, los curtidores de cueros y hasta los empleados de nuestras propias casas viven en un ámbito al que no nos acercamos.

3. También en nuestra vida somos testigos de hechos extraordinarios, que nos generan temor. Yo creo que uno está frente a un milagro real cuando el primer registro es miedo, por eso el Ángel le dice a María “No temas” al ver el impacto que su anuncio había tenido en la joven de Nazaret.

El encuentro con el Misterio, con lo inesperado, con lo disruptivo genera miedo.

Esto que está sucediendo no puede ser verdad, nadie va a creerlo y pensarán que estoy mintiendo o estoy loco.

4. Nos cuesta trabajo creer en demonios. Hemos alejado de nuestra vida la enfermedad, la vejez, la muerte y los demonios.

Como sociedad tratamos de no percibir y no pensar en nuestra vulnerabilidad, decrepitud, mortalidad e insensibilidad moral.

Le pedimos a la ciencia que nos proteja de la enfermedad, restaure nuestras arterias, articulaciones y órganos envejecidos, medicalice la muerte y transforme en inexistente la personalización del mal.

Este descreimiento en el demonio es su obra más eficaz.

Hoy somos racionales, avanzados, educados.

¿Cómo explicar entonces la maldad que hace ver como una solución matar a los niños en el vientre materno; que permite explotar y vejar a los más débiles; que justifica esclavizar y matar por un mendrugo de pan; que inunda las redes con carne humana prostituida; que comercia con la muerte ahumando los pulmones de tabaco, envenenando el alma con alcohol o estimulando el escapismo de las drogas; que genera encono entre hermanos y lleva a guerras fratricidas entre vecinos de larga data? Todo eso está sucediendo ante nuestras narices, pero el demonio no existe, ni habita en nuestro mundo, ni nos tienta, ni caemos en la tentación, ni estamos endemoniados cuando nuestra violencia destructiva cuesta la vida de inocentes.

Hoy somos racionales, avanzados, educados… y ciegos.

5. Muchas veces preferimos los cerdos a la vida humana.

Claro, según Marcos eran unos dos mil.

Es la primera vez que se da un valor a la vida humana.

Dos mil cerdos.

En la costo-eficacia de una vida humana recuperada a favor y dos mil cerdos en contra, perdió la vida humana.

La balanza se ha inclinado.

¿Creemos que no sigue inclinándose?  

Educación o juegos de azar, perdió la vida humana.

Trabajo digno o robótica, perdió la vida humana.

Carrera profesional o aborto, perdió la vida humana.

Salud o dinero, perdió la vida humana.

6. Damos prioridad a la mala noticia: “lo contaron todo y también lo de los endemoniados” (Mateo). Cómo se perdieron los cerdos tiene prioridad sobre la curación.

Es indudable que la desgracia de los cerdos es una mala noticia, pero debería estar eclipsada por la recuperación de un hombre.

El mal no es querido, pero es permitido por Dios, no le corresponde al hombre comprender el misterio del mal, su existencia permitida por Dios está dentro dl dominio del creador y no de la creatura.

De lo que no me cabe duda es que la difusión de las malas noticias conduce al descrédito del poder de Dios y a llevarnos a olvidar la enorme diversidad de bienes que nos regala cotidianamente.

En el mundo de las noticias la amplificación del mal eclipsa la profusión de bienes.

7. Finalmente nuestra misión no necesariamente es la que deseamos o esperamos. Liberado de los demonios, el curado quiere continuar su vida con Jesús, sin embargo lo envía a misionar a la decápolis, a las otras ciudades, a que sea la buena noticia para sus hermanos.

¿Qué nos pasa a nosotros cuando leemos este relato?

Todos tenemos nuestros demonios ¿Salimos al encuentro del Cristo que viene?

Todos somos testigos atemorizados ¿A qué noticias damos prioridad?

Todos tenemos algún día que poner en la balanza la vida humana y la piara de cerdos ¿Cómo se inclina la balanza?

Cuando salimos de nuestra ciudad y vemos al Cristo ¿le pedimos que entre o preferimos que se vaya?

Todos tenemos una misión que cumplir aunque no sea de nuestro agrado ¿lo hacemos?

 

Un abrazo a la majada

Ernesto Gil Deza

 

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