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Reporter 21

Reportajes centrados en la solidaridad, cultura, medio ambiente y  los valores humanos. Ese es el objetivo de Reporter 21 analizar aquella temática de interés global y familiar. Nuestro equipo busca capturar momentos, imágenes que nos acerquen a la realidad. Una realidad que analizaremos en plató acompañados cada semana por nuestros expertos, siempre aquí en Reporter 21.

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Dr. Ernesto Gil Deza

Virtudes Saludables

Hoy no está de moda hablar de las virtudes del hombre, se habla de talento, se habla de éxito, se habla de escándalos, pero no se habla de cultivo de las virtudes. Porque las virtudes son consecuencias de un hábito, son consecuencia del ejercicio cotidiano de buscar el bien. Josef Piepper el gran filósofo alemán va más allá cuando sostiene: “El hombre virtuoso es tal que realiza el bien obedeciendo a sus inclinaciones más íntimas”, es decir está convencido que la humanización del hombre consiste en descubrir que nuestra razón de ser es hacer real el bien. En esta serie de pequeñas reflexiones sobre las virtudes nos centraremos en aquellas que hacen bien y nos hacen bien, que nos dan vida y salud, que nos permiten ser mejores.

Foto de Dr. Ernesto Gil Deza

Sacrificios humanos en el siglo XXI ó la muerte de los inocentes

Sacrificios humanos en el siglo XXI ó la muerte de los inocentes

He leído la última exhortación de nuestro Pastor, la “Gaudete et Exsultate”, es una maravilla y confieso que he tratado de escribir con mansedumbre, pero no lo he logrado.

Estoy siguiendo cuidadosamente lo que dicen los medios sobre el debate en torno al aborto y me genera un gran desasosiego ver cómo se argumenta falazmente para justificar la matanza de los inocentes por nacer.

Me ha parecido escandaloso la frialdad con la que hablan de cientos de miles cuyas vidas serán tronchadas.

Me ha estremecido que las entrañas maternas sean ámbito riesgoso para la vida humana.

Pero sobre todo me genera un profundo rechazo que se sigan sacrificando inocentes.

Que se siga sacrificando tanto a la madre como al hijo. Que ambos sean mutilados.

Si, esto es lo que siento.

En el aborto no hay uno sino dos inocentes que sufren, a uno le quitan la vida y a la otra la inocencia, la esperanza, la alegría.

Por eso me genera una profunda ira los que promulgan que esta matanza se haga desde el estado, con asepsia y eficacia, rápidamente, una suerte de muerte express.

Esta matanza de inocentes, es para mí esencialmente un acto de desesperación de las madres y un acto de idolatría por parte de quienes la promulgan o la perpetran.

Hasta no hace mucho tiempo se ofrecían sacrificios humanos a diferentes dioses.

Cuántos inocentes fueron ofrecidos para aplacar la ira de los dioses, expiar las culpas, calmar las tempestades, hacer pasar los eclipses o agradecer las victorias.

Cuán poco conocíamos a Dios.

Fue la revelación a Abraham y la mano del Ángel que salvó a Isaac, lo que nos llevó a comprender que Dios no quiere sacrificios humanos y fue la propia palabra de Jesús la que nos enseñó que tampoco quiere holocaustos ni sacrificios de animales, sino la docilidad de nuestro propio corazón.

Cuando miramos la historia nos escandaliza pensar que alguien, en algún momento, fue capaz de matar seres humanos creyendo que así agradaba a distintos dioses frutos de la imaginación de los hombres.

¿Y si miramos el presente?

¿Cuántas personas sacrificamos a los dioses de la modernidad: la libertad sin  límites, el culto hedonista del cuerpo, la entronización del dinero, el placer irresponsable, la autorrealización a cualquier costa, al cumplimiento irrestricto de nuestros deseos, el consumismo, el individualismo y la indiferencia?

¿No es acaso un escándalo de insolidaridad y abandono, la pobreza e ignorancia a la que condenamos a conciudadanos, glorificando la inhumanidad de un mercado en el que todo se vende o se compra, se usa o se descarta, que lleva a la angustia asfixiante a una persona que piensa que nada puede cambiar?

¿No es acaso un fraude y un engaño el populismo prebendista que sumerge a familias enteras a dádivas que coartan su libertad y su desarrollo, que mantienen en su ignorancia crónica para exprimirles periódicamente un voto que asegure su supervivencia?

En los altares del panteón moderno, ateo, pero no por ello menos omnipresente, han cambiado las formas, pero el fondo sigue siendo el mismo: sacrifiquemos al inocente y mantengamos tranquilos a los dioses. Seamos serviles a sus designios y entonces viviremos pacíficamente… hasta que nos toque ser sacrificados.

Esto es particularmente escandaloso en el caso del aborto.

Se argumenta con razón que muchas veces los embarazos no deseados son fruto de la ignorancia, de la carencia de educación sexual, de la carencia de educación en los valores, de la ineficiencia de las estructuras escolares para brindar el conocimiento necesario… Ahora ¿Alguien me puede explicar de qué manera el sacrificio de un inocente enseña más y mejor educación sexual, mejora la jerarquía de valores o hace más eficiente las estructuras escolares?

Se argumenta que la madre tiene derecho a disponer de la vida que está en su seno. Se arguye que son embarazos no deseados y por tanto hijos indeseables. Y nos preguntamos ¿Por qué es indeseable?

De los distintos debates que he tenido oportunidad de ver he rescatado tres criterios de indeseabilidad:

“Es indeseable porque es inoportuno”

¿Inoportuno? Es mejor esperar otro tiempo en que mi proyecto contemple la llegada de un hijo. ¿Es que mi proyecto justifica un sacrificio humano? Si una madre es capaz de matar a su hijo para cumplir con un proyecto ¿Cómo limitaremos a quienes detrás de sus proyectos maten a los hijos o a los padres de otros? ¿Cómo limitaremos la destrucción del ambiente, la explotación de los hombres, la utilización del otro en pos de un proyecto?

“Es indeseable porque es un error juvenil”.

Ser joven e inexperto es la razón de la mayoría de las decisiones equivocadas que tomamos en esa etapa de nuestra vida. Pero el altar de la juventud se erige sobre una premisa equivocada, que ser joven no sólo justifica el error, sino que el error juvenil no tiene consecuencias. Endiosar a la juventud es creer que ser joven es ser inmune.

Cuando la vida de una persona está en juego matarla no corrige el error, lo empeora. Es asumir la responsabilidad, descubrir el valor del cuidado de la vida por nacer lo que disminuye el error. Es darlo en adopción si no estamos en condiciones de cuidarlo y educarlo, lo que corrige el error.

Es crecer en amor y responsabilidad lo que enaltece y hace crecer y madurar a un joven inexperto.

Si creemos que el altar de la juventud merece el sacrificio humano del hijo por nacer ¿Cómo juzgaremos los errores generados por el vértigo de la velocidad, la necesidad de experimentar la adrenalina u otras drogas, o las consecuencias impensadas de jugar con armas de fuego o el impacto del bullying?

“Es indeseable y punto”.

Si una madre considera a su hijo por nacer indeseable y eso le da derecho a matarlo ¿Cómo limitaremos el deseo asesino de quienes no siendo su madre considere a otro indeseable? ¿Es que no nos damos cuenta que al endiosar nuestro deseo y sacrificar una vida en su altar, estamos abriendo las puertas a que los más poderosos o menos sensibles hagan lo mismo, con todos nosotros, en su propio altar del deseo?

Se argumenta sin razón que la persona en gestación no es un ser vivo, no es un ser humano o no es una persona.

Eso, dicen, nos da derecho a matarlo.

Permítanme plantearlo de otra manera, dicen: “cómo ignoramos si es un ser vivo, un ser humano o una persona, entonces podemos matarlo”.

Es decir que el altar de nuestra ignorancia merece un sacrificio humano.

¿No nos damos cuenta que al idolatrar nuestra ignorancia estamos deshumanizándonos? ¿Si podemos matar al ser humano en el vientre de su madre porque somos ignorantes, cómo juzgaremos a los poderosos que jugando a la guerra teledirigida “ignoran” los efectos devastadores de sus actos? ¿Con qué derecho exigiremos a los estados que busquen la verdad si se puede matar por ignorancia?

Es al revés, el cuidado de la vida humana es tan importante, que si auténticamente soy ignorante debo abstenerme de tomar una vida, cualquier vida, ante la posibilidad de que sea una vida humana.

Llegados a éste punto a mí me parece que los referentes sociales partidarios del aborto no se diferencian en nada de aquellos sacerdotes paganos, siguen apostando a la muerte en lugar de poner todas las energías en cambiar las condiciones sociales y educativas para cuidar a la madre y al niño desde la concepción y proteger la vida humana como un bien supremo desde su concepción hasta su muerte natural.

Que hoy los profetas de la muerte hayan cambiado de vestimenta y se presenten con mayor tecnología no cambia su condición y sus ídolos no dejan de ser figuras de barro que no merecen ningún sacrificio, menos aún un sacrificio humano como el niño en gestación.

Ruego a Dios que nos ilumine y nos dé la Gracia de romper con las idolatrías y servirlo en el cuidado de nuestros hermanos más débiles y vulnerables.

Un abrazo a la majada.

Ernesto

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Sobre el autor:

En la actualidad, Ernesto Gil Deza es Director de Investigación y Docencia del Instituto Henry Moore. Activamente comprometido en la divulgación de temas relacionados con su especialidad y en el pensamiento científico, ha colaborado con numerosos medios y canales, entre ellos Canal Orbe 21, donde presentaba el programa “HM Salud”.

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