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Programas documentales del Centro Televisivo Arquidiocesano que abordan diferentes aspectos de interés general de nuestra realidad. Se busca crear un espacio de reflexión a partir de los valores cristianos, según son desarrollados en el Evangelio intentando iluminar la realidad actual tanto en el ámbito social como en el cultural.

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La realidad actual según el Evangelio

Programas documentales del Centro Televisivo Arquidiocesano que abordan diferentes aspectos de interés general de nuestra realidad. Se busca crear un espacio de reflexión a partir de los valores cristianos, según son desarrollados en el Evangelio intentando iluminar la realidad actual tanto en el ámbito social como en el cultural....

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Dr. Ernesto Gil Deza

Virtudes Saludables

Hoy no está de moda hablar de las virtudes del hombre, se habla de talento, se habla de éxito, se habla de escándalos, pero no se habla de cultivo de las virtudes. Porque las virtudes son consecuencias de un hábito, son consecuencia del ejercicio cotidiano de buscar el bien. Josef Piepper el gran filósofo alemán va más allá cuando sostiene: “El hombre virtuoso es tal que realiza el bien obedeciendo a sus inclinaciones más íntimas”, es decir está convencido que la humanización del hombre consiste en descubrir que nuestra razón de ser es hacer real el bien. En esta serie de pequeñas reflexiones sobre las virtudes nos centraremos en aquellas que hacen bien y nos hacen bien, que nos dan vida y salud, que nos permiten ser mejores.

Foto de Dr. Ernesto Gil Deza

Dones y oportunidades

Dones y oportunidades

El consultorio es un ámbito donde uno es testigo íntimo de la vida humana.

Allí despojados de caretas, oropeles y armaduras, nos mostramos tal cual somos, y allí también la vida despliega las infinitas experiencias por las que atraviesa cada persona y muchas veces, la mayoría de las veces, nos sorprende los derroteros vitales de algunos pacientes.

Hoy quiero honrar a uno de ellos. Es una mujer ya curtida en años y con arrugas que evidencian una belleza y lozanía que han madurado con el tiempo. Lo sorprendente en ella es su sonrisa. Siempre sonríe.

Es sorprendente porque su vida está entramada con desventuras: la primera es la pérdida de la visión, aquejada por una retinitis congénita desde su adolescencia ha ido perdiendo la percepción de las formas y los colores, hoy en los sesenta y algunos, apenas ve sombras, a las que dibuja rostros, voces a las que imagina colores, y recuerdos que son más nítidos cuanto más alejados están.

Ella se consuela, gracias a Dios están los audiolibros que devoro con pasión y la tele que me distrae.

A eso se suma un cáncer que padece desde hace nueve años y que se ha diseminado recientemente. Eso me da miedo, me dice, no miedo a morirme sino a sufrir, a no estar a la altura, a flaquear al final.

Pero si lo anterior fuera poco, hace cinco años se suicidó su hija. Veintinueve años tenía, era bonita, tenía éxito en la tele, hasta que un día le dijeron que ya no servía, que era vieja, descartable, y allí se mató, se pegó un tiro, agonizó tres meses y se murió.

Pero donamos los órganos dice, para que pueda seguir viviendo en otros y me dejó una nieta, que es hermosa como la madre.

Y sonríe. Yo la extraño, me dice, pero pienso que en esos meses de agonía, Dios debe haberla perdonado. Lo que pasa es que el éxito, si no lo manejás, se convierte en una máquina de picar carne y mi hija no pudo manejarlo.

Cuando dijo eso, me choqueó íntimamente. Me habían invitado ese mismo día a una entrevista en la cual hablaríamos sobre “el éxito y el fracaso en la vida” y allí estaba mi paciente fundamentando porqué ambas palabras son nefastas, y han costado muchas vidas

Voy a explicarme con mayor profundidad, para mí hay un solo fracaso en la vida: el suicidio.

Quitarse la vida es imponer un final a lo que es don y oportunidad.

Por supuesto que ese instante íntimo de decisión es incognoscible y allí puede haber un espacio dónde Dios actúe, como dijo alguna vez el Santo Cura de Ars a la madre de un suicida que se había lanzado al vacío desde un puente: entre el puente y el río la misericordia de Dios. No es mi deseo indagar en los vericuetos misteriosos de quien se quita la vida, es mi deseo remarcar que esa acción es, desde mi perspectiva, la única a la que denominaría fracaso en la vida de una persona.

La vida está llena de dones: la materia, la vida, la inteligencia, las sensaciones, los sentimientos, los logros y hasta las adversidades, son regalos. Todos ellos nos afectan de diversos modos, algunos nos alegran, nos honran, nos enorgullecen, nos enriquecen y otros por el contrario nos apenan, deshonran, humillan o empobrecen, pero estos efectos son la mayoría de las veces consecuencias de nuestros juicios o prejuicios.

Ahora, por un instante, tratemos de entender el fundamento de esos prejuicios: analizaremos dos perspectivas contrapuestas, la del materialismo y la de la Fe.

Desde la perspectiva materialista, el éxito y el fracaso, no son más que los extremos de una serie infinita de posibilidades azarosas que suceden en el transcurso de una vida.

Del mismo modo que los átomos que finalmente configurarán una determinada estructura cristalina no son sino seleccionados por azar, así los eventos vitales son simplemente la consecuencia de estructuras efímeras que se configuran témporo-espacialmente.

De tal manera que todo cuanto nos sucede es fruto del azar.

Es cierto que tendemos a pensar que la buena suerte es una consecuencia de nuestros buenos oficios y que la mala suerte es una consecuencia de los demás, pero eso no es más que autoengaño.

Desde esta perspectiva materialista, la historia humana y las historias de cada uno de los seres humanos es sólo azar.  Por ello el materialismo conduce al hedonismo o a la desesperación como los dos finales posibles.

Es una visión pobre de la vida.

Pero si contraponemos a esta perspectiva la Fe en un Dios que nos ama podemos darles un sentido más profundo a los eventos vitales.

Los dones, los talentos, no son consecuencia del merecimiento: no hicimos nada para merecer la vida, el conocimiento, la Fe, el encuentro con las personas que amamos, tampoco merecemos muchas veces las situaciones dolorosas que nos toca padecer: el dolor, la enfermedad, la ignorancia, la muerte. ¿Qué son entonces? Oportunidades.

La vida está plena de dones y de oportunidades.

Los talentos, como en la parábola, son un acto de extrema confianza del Señor de la vida y de la muerte, la única respuesta inaceptable es el miedo, la única respuesta aceptable es la fidelidad. Ser fieles es lo que logra que el talento fructifique, compartir los dones es congratularnos y condolernos, es dar y recibir, es estar dispuesto a ayudar y dejarse ayudar. Es el pan que nutre y fortalece y es el vino del consuelo y la alegría.

Si el único fracaso está en quitarse la vida, es un fracaso porque desprecia los dones y clausura las oportunidades.

El éxito en cambio radica en vivir cada momento en plenitud: siendo el que uno es, estando dónde uno está, haciendo lo que uno hace, rodeado por los seres que uno ama.

Ser, estar, hacer y compartir, son los ejes de una vida plena. A veces nos toca gozar y debemos hacerlo con plenitud y a veces nos toca padecer y también debemos hacerlo con plenitud, pero sobre todas las cosas, la maravilla de estar vivos radica en dos movimientos: el primero es tratar de ser cada minuto un poquito mejores, es decir acercarnos a actualizar la mayor cantidad de potencias; a estar dónde nos parece que podemos servir mejor; haciendo lo que mejor sabemos hacer de la mejor manera y a amando a los que nos rodean independientemente de su condición o de que nos amen. Este primer movimiento es hacia las entrañas del ser, nada puede limitarte en tu corazón.

El segundo movimiento es que podemos plenificar nuestra vida transformando cada instante de esas experiencias en oración. Nada puede limitarte en el encuentro íntimo con la plenitud.

Para mí ese es el sentido de la oración: asume el ser, estar, hacer y compartir cotidianos en un diálogo con la trascendencia.

Eso permite transformar el segundo infinitesimal en infinito, el metro cuadrado al que estamos confinados en todo un universo, muta el dolor en perdón, el padecimiento en camino, la alegría en agradecimiento, la honra en servicio, y sobre todo cambia nuestra mirada, nos permite ver y vernos desde los ojos del que ama hasta dar la vida.

Así el hombre de Fe encuentra sentido dónde para el materialista solo hay azar.

Por eso, desde mi perspectiva, frente al hedonismo como expresión del éxito y la desesperación como expresión del fracaso, aparecen la entrega como un modo de agradecer el don y el servicio como un modo de aprovechar las oportunidades.

Siendo testigo a veces de tanta vulnerabilidad, sobre todo de los adolescentes, a la mirada de los otros y tanta vida que se pierde por sentir que sólo se puede ser exitoso o fracasado, me parece que un modo de cuidar y honrar la vida es desterrando estas ideas como alternativas y colocándolas en el mismo lado: sólo si miramos la vida como un juego de azar tienen sentido.

Si la vida consiste en tirar los dados o repartir naipes, la buena o mala suerte juega un rol y el juego acumula o pierde puntajes; pero si miramos la vida como lo que es, un camino, un regalo y un llamado, entonces lo azaroso es todo cuánto nos ha sido dado y la tarea cotidiana consiste en ser artesanos de nuestro corazón, allí es donde tenemos señorío y potestad.

Un señorío que reconoce a un Dios que lo ama como lo ama como Hijo y a quien ama como Padre; que ruega para que se haga su voluntad; que pide cotidianamente el pan; que sabe que adeuda más de lo que le deben; que es débil frente a la tentación y que no puede librarse por sí solo del mal.

Que tengan una buena semana

Ernesto

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  • Juan-pablo-gadea

    ES GENIAL LLEERLO Y ESCUCHARLO, MI RESPETO Y ADMIRACIÓN GRACIAS POR DEJARSE SER INSTRUMENTOS DE DIOS

Sobre el autor:

En la actualidad, Ernesto Gil Deza es Director de Investigación y Docencia del Instituto Henry Moore. Activamente comprometido en la divulgación de temas relacionados con su especialidad y en el pensamiento científico, ha colaborado con numerosos medios y canales, entre ellos Canal Orbe 21, donde presentaba el programa “HM Salud”.

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