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Mi casa es tu casa

María Eugenia Molinari recibe a cocineros invitados para enseñar recetas prácticas, sanas y económicas. La cocina sirve de excusa para hablar de temas del quehacer doméstico como la nutrición, la salud, el cuidado de las mascotas, la educación de nuestros hijos; sumado a la confección de manualidades para crear un espacio con toque propio en nuestros hogares.  

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Mi casa es tu casa

María Eugenia Molinari, recibe cocineros invitados que nos enseñarán diversos platos

María Eugenia Molinari recibe a cocineros invitados para enseñar recetas prácticas, sanas y económicas. La cocina sirve de excusa para hablar de temas del quehacer doméstico como la nutrición, la salud, el cuidado de las mascotas, la educación de nuestros hijos; sumado a la confección de manualidades para crear un espacio con toque propio en nuestros hogares.  ...

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Dr. Ernesto Gil Deza

Virtudes Saludables

Hoy no está de moda hablar de las virtudes del hombre, se habla de talento, se habla de éxito, se habla de escándalos, pero no se habla de cultivo de las virtudes. Porque las virtudes son consecuencias de un hábito, son consecuencia del ejercicio cotidiano de buscar el bien. Josef Piepper el gran filósofo alemán va más allá cuando sostiene: “El hombre virtuoso es tal que realiza el bien obedeciendo a sus inclinaciones más íntimas”, es decir está convencido que la humanización del hombre consiste en descubrir que nuestra razón de ser es hacer real el bien. En esta serie de pequeñas reflexiones sobre las virtudes nos centraremos en aquellas que hacen bien y nos hacen bien, que nos dan vida y salud, que nos permiten ser mejores.

Foto de Dr. Ernesto Gil Deza

Ejercicios de desapego para la vida cotidiana

Ejercicios de desapego para la vida cotidiana

La persona que vive libremente es alguien que posee sin ser poseído, que usa lo indispensable y disfruta los dones de la vida, la felicidad y la serenidad entregándose al servicio de los demás.

Esta manera de vivir es también una de las más saludables y para poder hacer de ella un hábito es necesario practicar cotidianamente ejercicios de desapego.

Veamos algunos de ellos:

 

1. “No he venido a ser servido, sino a servir”


¿Cuántas veces hemos visto a personas muy nobles que pierden la compostura en cuanto tienen un poquito de poder? El poder y su manifestación más práctica, el dinero, es un gran corruptor, siempre un poquito de poder sobre otro desata la tentación de usar al otro a nuestro servicio, de esclavizar y aún de matar al que piensa diferente u obra de un modo distinto al que creemos adecuado.

Cuando uno lee la corrupción del poder siempre piensa en los políticos, pero es mejor pensar en cómo administra uno el pequeño poder que posee ¿Eres padre? ¿Eres jefe? ¿Tienes algún empleado a tu cargo? ¿Estás enseñando a alguien? A poco de pensar siempre hay un pequeño espacio a nuestro cuidado. Ahí, en ese mínimo casillero ¿Cómo eres? Algunos somos más déspotas y tiranos que muchos reyes de la historia. Yo creo que es ahí, en ese espacio mínimo, en el que uno debe volver a elegir el bien del otro, el buen trato, el respeto, el cuidado. El déspota explota al débil, el servil rinde pleitesía al poderoso, el servicial brinda respeto al vulnerable.

 

2. “El que se humilla será ensalzado y el que se ensalza será humillado”


El apego a los honores es también una gran tentación, creer que cuanto logramos es fruto de nuestro esfuerzo es un tremendo error.

Nuestro esfuerzo es necesario, pero nunca es suficiente para que algo suceda. La voluntad de Dios, los dones que hemos recibido gratuitamente y hasta el propio azar suelen tener mayor mérito que nuestro esfuerzo. Esta idea sobre el esfuerzo y los méritos surge recurrentemente cuando medito en Dios como dador de trabajo, aquel pasaje Evangélico en el que sale a buscar trabajadores desde la primer hasta la última hora, a todos les promete el mismo salario y empieza pagando a los últimos y genera descontento en los primeros. Y formula una pregunta crucial “¿Es qué no puedo hacer con lo mío lo que quiero?”.

Nosotros somos como los jornaleros, no creamos el Universo que nos contiene, ni elegimos la familia en la cual nacimos, ni somos los dueños de la viña, ni sabemos la hora en la que seremos convocados. Sabemos que si somos bendecidos por la posibilidad de trabajar seremos compensados al finalizar el día. Cada uno de los logros de nuestra vida es la consecuencia de un don que nos ha sido dado.

 

3. “Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros”


Estrechamente relacionado con el apego a los honores está ver la sociedad como un gallinero en el cual los lugares están predeterminados y nosotros conocemos exactamente el que nos corresponde. He visto gente muy inteligente pasar horas enteras diagramando los lugares de una boda o la distribución de los asistentes a un evento, y he visto gente muy inteligente estar tremendamente disgustada con el lugar que le asignaron.

Yo creo que el tiempo es efímero y si en lugar de perderlo en luchar para ocupar los primeros lugares, nos ocupamos de disfrutar la compañía que nos ha tocado, dónde nos ha tocado estar, las oportunidades de vivir felizmente se incrementan enormemente. Debes ser feliz de haber sido convocado a la fiesta de la vida en lugar de despreciar el lugar que te ha tocado.

 

4. “Ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres. Luego sígueme”


Si los tres primeros son ejercicios generales, estos son ejercicios para los creyentes. ¿Hasta dónde estás atado a tus bienes y al dinero? En algún momento todos somos llamados a dar lo que recibimos, tu tiempo, tus esfuerzos, tus logros, tus bienes, tu dinero. Algunos son convocados a horas tempranas de su vida y todos seremos convocados a dejarlo todo en el atardecer de nuestra vida. Ahí en ese momento, mirarás atrás y si nada te ata podrás seguir libremente tu camino a dónde Él te convoque.

Qué libre es el hombre sin ataduras. ¿Te acuerdas cuando no tenías nada? ¿Te acuerdas cuando tenías todo el mundo delante de ti? ¿Todo el tiempo del mundo a tus pies? ¿Todas las oportunidades del mundo para elegir? ¿Todo por aprender? Eso y no otra cosa es ser como niños. ¿Te acuerdas cuán feliz eras con nada? Hoy cuando pienses en tu vida y en la felicidad pensá cuánto no dejarías para volver a sentir lo mismo. Es notable cómo nos poseen las cosas que poseemos. Su afán por poseerlas nos hace egoístas y su temor a perderlas nos hace avaros. Eso nos hace perder la vida.

 

5. “Quien no deja a su Padre y a su Madre.”


Desde mi perspectiva el Padre y la Madre, representan la seguridad del camino recorrido por otros y el apego por las tradiciones. Nada de esto es malo en si mismo, pero para poder hacer tu propio camino en algún momento deberás lanzarte a andar solo y en algún momento deberás encontrar respuestas nuevas a las preguntas eternas.

Estás convocado a vivir tu propia vida, a cometer tus propios errores, a encontrar tu propio destino. En cualquiera de los puntos del camino está el Señor.

Esto es válido cuando sos hijo y sentís que tu camino se aleja del que recorrieron los que te precedieron, pero también es válido cuando sos padre y sentís que el camino de los que te siguen va tras otras huellas.

Las respuestas que se dieron son muy valiosas, pero aún más valiosas son las respuestas que nos esperan, las nuevas respuestas, la palabra es siempre viva porque nos sorprende cuando creemos que sabemos y más aún cuando no sabemos.

 

6. “Quien pone la mano en el arado y mira hacia atrás”


“Estar dónde uno está, haciendo lo que uno está haciendo, junto a las personas que le rodean, en el momento presente”. Para mí ésta es una de las fórmulas más extraordinarias de la felicidad.

Cuándo uno es infeliz o escucha a las personas que están infelices la mayoría de las veces se debe a una de estas cuatro razones: no está dónde desearía estar, haciendo lo que no desea hacer, rodeada por quienes no desea que estén allí, por lo menos en este momento.

Desde mi perspectiva esto puede ser visto de dos maneras, la primera como un llamado a hacer otra cosa, en otro lugar, con otras personas o en otro momento: muchas vocaciones nacen de la incomodidad o la infelicidad. Pero la segunda manera de ver esto es como falta de caridad: ¿No amas el lugar en que estás? ¿No puedes embellecerlo, ordenarlo, cultivarlo, podarlo, limpiarlo, adecentarlo? Alguna vez tendrás que dejarlo y es bueno que lo dejes un poquito mejor de lo que lo recibiste ¿No amas lo que haces? ¿Te parece una pequeñez, te aburre, te resulta difícil, piensas que no puedes hacerlo mejor? Si uno ama lo que está haciendo siempre perfecciona su quehacer, alguna vez tendrá que dejarlo y es bueno que al legar su tarea la haya aprendido lo suficiente como para poder enseñarla. ¿No te gusta la compañía? ¿Te has esforzado por conocerles, por conocer sus anhelos y tristezas, sus dolores y alegrías, sus sueños y realidades? Porque alguna vez habrás de dejarlos y es bueno conocer a los compañeros ocasionales, siempre es mejor dejar amigos. ¿No te gusta el día de hoy? ¿Extrañas un pasado que ya fue o esperas anhelante un futuro que aún no es? Despreciar el día de hoy es olvidar que habrás de dejarlo y sólo tienes este momento para disfrutarlo.


7. “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su vida?


Es interesante que esta frase nuestros Señor la haya dicho luego de anunciar su muerte de Cruz y reprender duramente al pobre Pedro.

Lo maravilloso de esta afirmación es su acierto, porque hoy la medicina la formula al revés: “cómo pierde la vida el hombre por ganar el mundo”. El estrés, la hipertensión arterial, el infarto de miocardio, la obesidad, la diabetes y muchas enfermedades más disminuirían si el hombre no perdiera su vida detrás del consumismo de las quimeras de placer que se le ofrecen cotidianamente.

Salir del rol de consumidor es un ejercicio formidable. El consumidor nunca está satisfecho, primero porque cree las mentiras de un marketing que lo lleva a anhelar lo que no posee, segundo porque sufre la desilusión de poseer lo que anhelaba, intoxicarse con las burbujas etílicas, escaparse químicamente de la realidad, incorporar indeseables calorías rebosantes de arterias tapadas y accidentes cerebro vasculares, pagar por lo que vale, comprar lo que no se vende y empeñar lo único real detrás de un sueño que termina siendo una pesadilla.

Pero si uno se baja de ese carrusel que da vueltas enloquecidamente descubre la vida real y el mundo real, con sus maravillas.

Ahí es cuando descubrimos que se puede vivir como pobre en medio de la abundancia y disfrutar de las riquezas y dones de la vida en medio de la pobreza.

Ahí descubrimos que el hombre sólo es libre cuando se entrega.

Que no hay posesión más valiosa que la propia vida y que la vida se vive apropiadamente cuando estamos dispuestos a perderla en el servicio al otro.

Eso es lo que entiendo por desapego.

Vivir de un modo desapegado es que nada te ate ni te impida servir a los demás: que no lo haga el poder, ni el honor, ni la envidia, ni la avaricia, ni las tradiciones, ni el placer, ni el temor.

Como dice San Pablo, se ha pagado un precio muy alto por nuestra libertad. Es un don muy valioso como para venderlo por nada.

Un abrazo a la majada

Ernesto Gil Deza

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  • Luzrosana

    Leyendo sábado por la mañana mate por medio. Excelente apreciación de la vida.

Sobre el autor:

En la actualidad, Ernesto Gil Deza es Director de Investigación y Docencia del Instituto Henry Moore. Activamente comprometido en la divulgación de temas relacionados con su especialidad y en el pensamiento científico, ha colaborado con numerosos medios y canales, entre ellos Canal Orbe 21, donde presentaba el programa “HM Salud”.

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