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Mi casa es tu casa

María Eugenia Molinari recibe a cocineros invitados para enseñar recetas prácticas, sanas y económicas. La cocina sirve de excusa para hablar de temas del quehacer doméstico como la nutrición, la salud, el cuidado de las mascotas, la educación de nuestros hijos; sumado a la confección de manualidades para crear un espacio con toque propio en nuestros hogares.  

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Mi casa es tu casa

María Eugenia Molinari, recibe cocineros invitados que nos enseñarán diversos platos

María Eugenia Molinari recibe a cocineros invitados para enseñar recetas prácticas, sanas y económicas. La cocina sirve de excusa para hablar de temas del quehacer doméstico como la nutrición, la salud, el cuidado de las mascotas, la educación de nuestros hijos; sumado a la confección de manualidades para crear un espacio con toque propio en nuestros hogares.  ...

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Dr. Ernesto Gil Deza

Virtudes Saludables

Hoy no está de moda hablar de las virtudes del hombre, se habla de talento, se habla de éxito, se habla de escándalos, pero no se habla de cultivo de las virtudes. Porque las virtudes son consecuencias de un hábito, son consecuencia del ejercicio cotidiano de buscar el bien. Josef Piepper el gran filósofo alemán va más allá cuando sostiene: “El hombre virtuoso es tal que realiza el bien obedeciendo a sus inclinaciones más íntimas”, es decir está convencido que la humanización del hombre consiste en descubrir que nuestra razón de ser es hacer real el bien. En esta serie de pequeñas reflexiones sobre las virtudes nos centraremos en aquellas que hacen bien y nos hacen bien, que nos dan vida y salud, que nos permiten ser mejores.

Foto de Dr. Ernesto Gil Deza

La Revelación en la vida cotidiana

La Revelación en la vida cotidiana

Hace varios años uno de los psiquiatras más importantes de la historia de la medicina, Viktor Frankl, escribió, entre otros, dos textos que me parecen cruciales: el primero es “El hombre en la búsqueda de sentido” y el segundo es: “La presencia ignorada de Dios”.

El primero está referido a su experiencia como prisionero en cuatro campos de exterminio y, sobre todo, fundamenta la supervivencia de la persona en el sentido de la vida. En los campos de concentración, entre quienes no fueron asesinados, no sobrevivieron necesariamente los más jóvenes, los más fuertes o los más sanos, sino aquellos para quienes la vida tenía un sentido.

El segundo texto, escrito muchos años después, habla de su experiencia como terapeuta y ponía en evidencia que hacia el final del siglo XX la mayoría de los tabúes de los pacientes no estaban referidos al sexo sino a la religiosidad de la persona, a las creencias más íntimas del ser.

Uniendo estos dos puntos, yo creo que, para el hombre de Fe, el sentido de su vida está en el encuentro con el creador, pero no sólo el encuentro en el instante de la muerte y para toda la eternidad. Me parece que el sentido de la vida está en el encuentro cotidiano con Dios en la vida de cada uno.

Esto es lo que no entienden muchos hermanos agnósticos, para el creyente Dios no es sólo la respuesta esperanzada en el más allá, es sobre todo la respuesta esperanzada en el más acá.

Cuando pienso en la revelación de cada día, hay dos textos de San Mateo sobre los que vuelvo reiteradamente.

El primero es el pasaje de Mt XI, 25: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños”.

Yo, les confieso, carezco de los estudios Bíblicos como para saber si es válido el pensamiento que me suscita este paraje, pero humildemente creo que puede interpretarse de dos formas: la primera es que Jesús se está refiriendo a personas diferentes y la segunda es que se refiere a diferentes momentos en la vida de la persona.

Esta segunda interpretación la formularía algo así como “te agradezco que te reveles no cuando el hombre se cree sabio e inteligente, sino en los momentos en que el hombre es pequeño”.

El hombre se pierde cuando se endiosa, cuando se envanece, cuando es engreído, cuando cree que es sabio y tiene respuestas para todas las cosas y cuando cree que es inteligente y comprende todos los misterios.

Pero cuando el hombre poderoso se enfrenta con un límite: la miseria, la enfermedad, el dolor y la muerte, allí redescubre no sólo su condición de criatura impotente sino de hijo amado.

El pródigo se perdió cuando la fortuna le sonreía y se redescubrió cuando la miseria la llevó a alimentar a los cerdos.

Me gusta pensar que ese pasaje de esta manera porque me parece que no está destinado a dividir a los hombres en buenos y malos, receptores de la revelación y excluidos de ella, ellos y nosotros, sino a llevar al hombre a reflexionar que a lo largo de la vida, a veces la vida nos sonríe y creemos que es en virtud de nuestros méritos, lo consideramos un acto de justicia  y tendemos a olvidar que Dios nos lo concede todo, y otras veces somos pobres, estamos a la intemperie y toda nuestra riqueza consiste en volver a Él, fuente de la vida, la gracia, la libertad y la felicidad.

Por eso cuando pierdo de vista a Dios, vuelvo a este pasaje y me pregunto ¿Estoy siendo pequeño? ¿De qué me creo sabio? ¿De qué me creo inteligente? ¿Qué respuestas creo que tengo? ¿Qué misterio he resuelto?

El segundo pasaje es el de San Mateo en el capítulo XIII, 15, cuando habla del cumplimiento de la profecía de Isaías: “Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, mirareis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos y sus ojos se han cerrado: no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan y yo los sane”.

Cada vez que leo éste texto pienso cuánta sabiduría contienen.

Los caminos del encuentro de cada día con la revelación consisten en admirar la belleza de la obra de Dios, sobre todo hoy que podemos escudriñar la intimidad de la materia y la vida, que podemos tocar el límite del universo luminoso, toda la creación habla de Dios. Mi maestro, Don Carlos Landa, decía que en el patio de su colegio había una mayólica que tenía escrito: “Poca ciencia aleja de Dios, mucha ciencia acerca a Dios”. Estudiar, comprender la obra de la naturaleza es un camino para ver a Dios cada día.

Pero si no fuera suficiente la belleza de las formas, está la armonía de las palabras amorosas de los hombres. Cuánto bien hacemos cuando hablamos con dulzura, tratamos con delicadeza, decimos una palabra amable. Dios nos ha concedido el don de la palabra para que aquellos que no pueden ver, por lo menos puedan escuchar las maravillas del Señor. La literatura, la poesía, el consejo pueden hacer presentes a Dios en la vida de cada día.

Pero si eso no fuera suficiente, nos ha dado el corazón para comprender. Un corazón como el de Juan que salta de alegría en el seno de su madre en la visitación. Un corazón como el de nuestra madre testigo de la vida, muerte y resurrección de su hijo. Un corazón que descubre la necesidad del próximo como el Samaritano. Un corazón que aún en la noche más oscura del alma, cuando no podemos ver al Señor se enciende como el de los discípulos de Emaús nos explican las escrituras y compartimos el pan. Ese corazón que late lleno de esperanza cuando todo parece perdido.

Pero si la vista, el oído y el corazón fallara aún nos queda el último recurso, convertirnos a la misericordia del Padre para que nos cure. Cuando todo parece perdido, cuando nada tiene sentido, el mismo Dios viene a curarnos.

¿No es maravilloso?

Es hermoso pensar que el Pan de cada día también consiste en descubrir la presencia de Dios en los momentos más sencillos de la vida, disfrutando del descubrimiento de la creación, escuchando la palabra de los hermanos, caminando la vida con el corazón ardiente o convirtiéndonos para ser curados por su misericordia.

Espero que tengas una buena semana y que descubras la presencia del Padre que te ama, el Hijo que te acompaña y el Espíritu que te anima.

Un abrazo a la majada.

Ernesto

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Sobre el autor:

En la actualidad, Ernesto Gil Deza es Director de Investigación y Docencia del Instituto Henry Moore. Activamente comprometido en la divulgación de temas relacionados con su especialidad y en el pensamiento científico, ha colaborado con numerosos medios y canales, entre ellos Canal Orbe 21, donde presentaba el programa “HM Salud”.

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