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Semanario Orbe 21

Espacio de actualidad para las noticias de la Iglesia en Argentina, España, América y en todo el mundo. En nuestros días, la Buena Noticia se hace realidad en gestos concretos, en acciones cotidianas, muchas veces invisibles. En Semanario Orbe 21 las presentamos y las compartimos.

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Dr. Ernesto Gil Deza

Virtudes Saludables

Hoy no está de moda hablar de las virtudes del hombre, se habla de talento, se habla de éxito, se habla de escándalos, pero no se habla de cultivo de las virtudes. Porque las virtudes son consecuencias de un hábito, son consecuencia del ejercicio cotidiano de buscar el bien. Josef Piepper el gran filósofo alemán va más allá cuando sostiene: “El hombre virtuoso es tal que realiza el bien obedeciendo a sus inclinaciones más íntimas”, es decir está convencido que la humanización del hombre consiste en descubrir que nuestra razón de ser es hacer real el bien. En esta serie de pequeñas reflexiones sobre las virtudes nos centraremos en aquellas que hacen bien y nos hacen bien, que nos dan vida y salud, que nos permiten ser mejores.

Foto de Dr. Ernesto Gil Deza

El cuidado de los sentidos II

El cuidado de los sentidos II

Desarrollar la mirada


Los humanos somos seres esencialmente visuales, hemos desarrollado la vista por encima de los otros cuatro sentidos y aún cuando no estamos particularmente dotados tenemos una gran capacidad visual.

El órgano de la visión, el ojo, es una maravilla cuyo vestigio lo podemos trazar hasta los ocelos de los platelmintos allá lejos hace unos doscientos setenta millones de años. Son los primeros que fueron capaces de ver la luz. Desde allí las estructuras del ojo fueron desarrollándose hasta hacer un ojo complejo, como el que tenemos nosotros, con un medio transparente (la córnea), un diafragma (el iris), una lente (el cristalino) una cámara oscura generada por la coroides y una delgada lámina fotosensible (la retina) dónde dos tipos de células (conos y bastones) son capaces de percibir formas con nitidez y una variedad de colores. Protegido por las estructuras óseas de la órbita y los músculos que lo mueven y mueven los párpados para limpiar la córnea, humedecida por las lágrimas con una barrera protectora de pestañas que barren el aire y con un alero de cejas que desvían el sudor. Todo destinado a captar la luz, transformar el estímulo lumínico en químico y la química en electricidad y llevarla a los hemisferios cerebrales.

Ver es un don enorme. Pero además de ver los humanos somos capaces de mirar. De encontrar sentido a esos estímulos. De descubrir las formas. De disfrutar de los colores.

Para nosotros la información que nos brinda lo que miramos es tan indubitable que somos fácilmente engañados.

Nos auto-engañamos cuando negamos la realidad y no queremos mirar lo que vemos, cuando descubrimos patrones donde sólo existe el azar, conspiraciones donde no las hay o interpretamos erróneamente los gestos de los demás.

Nos engañan los ilusionistas de todo tipo que distraen nuestra atención, disimulan sus embustes o esconden la verdad.

Nos dejamos seducir, por el brillo, la simetría o la combinación de colores no solamente en la elección de las joyas o el vestido sino también en la eficacia de los fármacos (las píldoras azules o rojas suelen considerarse más eficaces que las blancas o amarillas.)

Hay cinco movimientos de la mirada que ha desarrollado la humanidad en la búsqueda de la verdad y que debemos practicar rutinariamente en nuestra vida cotidiana.

Aprendimos a mirar a lo lejos, desarrollamos la telescopía (teles=lejos; scopere=ver), a través del telescopio somos capaces de observar la luz que proviene de los confines del universo conocido y que llega a nosotros desde un pasado remoto, vemos hoy luz que se emitió hace miles de millones de años en el tiempo y el espacio, aunque no sabemos que hay más allá de hace catorce mil millones de años. También en la vida personal debemos ser capaces de ver las consecuencias de nuestros actos lo más alejados posibles, aunque nunca seamos capaces de prever todas las consecuencias posibles.

Aprendimos a desarrollar la observación de las estructuras más pequeñas, desarrollamos la microscopía (micro= pequeño, scopere=ver), y a través del microscopio penetramos en la intimidad de las células, de las moléculas y hasta de los átomos, aunque  no podemos ver más allá de la materia. También en la vida personal debemos ser capaces de profundizar en los más pequeños detalles de nuestros quehaceres y relaciones. La mayoría de las diferencias son pequeñas y debemos entrenarnos en el cuidado de lo mínimo, lo que parece nimio, todas las avalanchas empiezan en un pequeño copo de nieve.

Aprendimos a desarrollar la observación de la intimidad, desarrollando la introspección (intro= interior; scopere= ver) aunque no hay un introscopio hoy podemos conocer la intimidad anatómica y funcional del cuerpo de una persona, hasta el detalle de los genes pero sigue estando vedado a la inspección externa el mundo de nuestros deseos y valores. También en nuestra vida personal debemos escrudiñar los motivos más profundos e íntimos que nos llevan a actuar de tal manera, a elegir tal camino a anhelar tal bien.

Aprendimos a ver a nuestro alrededor, aunque no se desarrolló un respectoscopio (re=volver; spectare= observar), el respeto, es esa actitud de detenernos a observar la realidad, a no ser indiferente pero generalmente la usamos sólo  para descubrir los peligros, los riesgos, las diferencias. En nuestra vida personal debemos ser ambidiestros, está bien respetar lo que nos rodea buscando peligros pero también debemos buscar en los que nos rodean lo que cada uno tiene de original, lo que cada uno tiene de común, lo que nos une, lo que nos hermana, lo que el otro necesita. Si no desarrollamos la primer actitud seríamos como ovejas entre lobos, pero si no desarrollamos la segunda actitud seríamos los lobos.

Aprendimos a ver más allá de los límites de la visión, la metascopía (meta= más allá, scopere=ver), la trascendencia, no creo que sea un accidente que el griego más famoso, Homero, sea un poeta ciego, tampoco creo que sea un accidente que el escritor más renombrado de nuestro país sea Borges, otro ciego. Es que ambos nos muestran que se puede ver más allá de la vista, que se puede iluminar desde la oscuridad. Ahora si queremos de veras ver más allá entonces tenemos que pedir el don de ver con la mirada de nuestro Señor, la mirada del que ama.

Esa realidad amorosa es capaz de descubrir virtudes dónde los demás no las ven. Descubrir la generosidad del publicano, la fe del romano, la piedra en el cobarde, la resurrección a través de la cruz.

Esa mirada amorosa que nace, como dice nuestro Pastor, de la experiencia de sentirnos amados por El, a pesar de nuestras faltas y sin merecimiento alguno.

Esos cinco movimientos, a lo lejos, a lo pequeño, a lo íntimo, alrededor y al más allá, son los ejes de la mirada del hombre nuevo, el que nace en la Pascua, tres días después de padecer y ser contado entre los criminales.

Quiera Dios que cuidemos nuestro mirar para mirar como El.

Un abrazo a la majada.

Ernesto

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Sobre el autor:

En la actualidad, Ernesto Gil Deza es Director de Investigación y Docencia del Instituto Henry Moore. Activamente comprometido en la divulgación de temas relacionados con su especialidad y en el pensamiento científico, ha colaborado con numerosos medios y canales, entre ellos Canal Orbe 21, donde presentaba el programa “HM Salud”.

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