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Mi casa es tu casa

María Eugenia Molinari recibe a cocineros invitados para enseñar recetas prácticas, sanas y económicas. La cocina sirve de excusa para hablar de temas del quehacer doméstico como la nutrición, la salud, el cuidado de las mascotas, la educación de nuestros hijos; sumado a la confección de manualidades para crear un espacio con toque propio en nuestros hogares.  

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Mi casa es tu casa

María Eugenia Molinari, recibe cocineros invitados que nos enseñarán diversos platos

María Eugenia Molinari recibe a cocineros invitados para enseñar recetas prácticas, sanas y económicas. La cocina sirve de excusa para hablar de temas del quehacer doméstico como la nutrición, la salud, el cuidado de las mascotas, la educación de nuestros hijos; sumado a la confección de manualidades para crear un espacio con toque propio en nuestros hogares.  ...

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Dr. Ernesto Gil Deza

Virtudes Saludables

Hoy no está de moda hablar de las virtudes del hombre, se habla de talento, se habla de éxito, se habla de escándalos, pero no se habla de cultivo de las virtudes. Porque las virtudes son consecuencias de un hábito, son consecuencia del ejercicio cotidiano de buscar el bien. Josef Piepper el gran filósofo alemán va más allá cuando sostiene: “El hombre virtuoso es tal que realiza el bien obedeciendo a sus inclinaciones más íntimas”, es decir está convencido que la humanización del hombre consiste en descubrir que nuestra razón de ser es hacer real el bien. En esta serie de pequeñas reflexiones sobre las virtudes nos centraremos en aquellas que hacen bien y nos hacen bien, que nos dan vida y salud, que nos permiten ser mejores.

Foto de Dr. Ernesto Gil Deza

El cuidado de los sentidos

El cuidado de los sentidos

Desarrollar la escucha


Nuestro pastor en numerosas oportunidades en su catequesis ha hecho hincapié en desarrollar nuestra capacidad de escucha.

Por eso en las próximas reflexiones vamos a trabajar sobre el cuidado de los sentidos, comenzando por el oído y la capacidad de escucha.

Los sentidos son uno de los tres caminos que tenemos los hombres para el conocimiento de la realidad, los otros dos son la revelación y  la intuición. Nuestro intelecto se nutre de los que nos dicen los sentidos y aunque los seres humanos por la bipedestación somos seres esencialmente visuales, el oído es uno de los sentidos más importantes para la constitución de nuestro ser.

Oímos antes que ver. Reconocemos a nuestra madre por su vos y olor antes que podamos enfocarla con nuestra vista. Oímos antes que hablar y los sonidos nos alarman o tranquilizan. Oímos y balbuceamos antes de caminar. Después de saciar nuestra hambre, el calor, el olor y el arrullo de nuestra madre nos dan calidez y placidez, dos señales de seguridad hogareña.

El órgano de la audición es formidable, el pabellón auricular recibe y concentra las ondas de presión del aire y las conduce a la membrana del tímpano que vibra, moviendo un huesecillo, el martillo, que se articula con el yunque y luego el estribo para transformar ondas de presión de aire en movimiento ondulante del agua en el caracol, que mueve las delicadas fimbrias de las células que transformarán el movimiento del agua en una mínima señal eléctrica exactamente en el punto correspondiente a los ciclos por segundo del sonido emitido. Esa señal eléctrica se desplazará rápidamente por el nervio auditivo, penetrará en el sistema nervioso y se dirigirá a la corteza cerebral.

Todo el sistema está tan interconectado que llegan a ser conscientes una mínima cantidad de los estímulos que percibimos, se calcula que sin los mecanismos de selección e inhibición seríamos capaces de escuchar sonidos que se producen a 8 km. a la redonda, tal maremágnum sonoro nos enloquecería, de tal manera que una forma de mantenernos cuerdos es seleccionar sonidos y descartar el ruido, esta es la función del tálamo en el cerebro. Es bueno aprender de la naturaleza y descartar la mayor cantidad de ruido posible de nuestra vida.

Por lo tanto el primer gesto para educarnos en la escucha es eliminar conscientemente el ruido de la ira, el desenfreno, la estridencia, el grito, la inconducta, la embriaguez, la maledicencia, el insulto, la ofensa y el prejuicio. Son ruidos que distorsionan nuestra capacidad de escuchar.

El otro aspecto interesante del sonido y el oído es que se necesita de un espacio entre las ondas para poder percibirlo. Ese espacio es el silencio. Sin silencio no hay armonía. Sin silencio no hay escucha. Así como uno debe ayudar al tálamo a descartar el ruido debe cuidarse de hablar para poder escuchar. Y si nuevamente uno le hace caso a la naturaleza que nos dotó de dos oídos y una lengua, quizá sea una buena medida escuchar el doble de lo que se habla.

El tercer aspecto que tiene el sonido hecho palabra, es que creemos a quien le damos poder. Por eso tenemos que tener mucho cuidado a quien damos poder. Uno de los actos liberadores más importantes de los creyentes es que, para nosotros, la palabra más poderosa es palabra de Dios. Muchos que no son creyentes le dan poder a otra palabra humana, la de los políticos, la del dinero, la de la moda, la del grupo, la del vendedor de ilusiones, la de las pasiones. Estas palabras efímeras dejan de tener poder en cuanto dejamos de dárselos y se transforman en lo que son: ondas de presión de aire y nada más. Lamentablemente pueden generar un enorme daño en los más débiles y el “bullying” escolar, que a veces conduce a la muerte biográfica o biológica de un adolescente, está centrado en el poder de las palabras de los otros sobre nuestro ser.

El cuarto punto del cuidado de la escucha es la oración. Ese es un momento crucial de la relación del hombre con Dios, además de agradecer, pedir, recordar y alabar, hay un momento de escucha esencial. Del ser que se abre al todo, de la criatura que se abre a su Señor, del hijo que se abre al Padre. Nadie nos conoce mejor, conoce nuestras necesidades antes que las pidamos, conoce nuestras flaquezas antes que las sintamos y así nos ama. Sentir ese amor es escuchar a Dios, Padre, Hijo y Espíritu.

El quinto punto de la escucha es cuando desesperamos creyendo que Dios no nos escucha. Es cuándo el silencio de Dios parece mostrar que no hemos sido escuchados y ahí a mi personalmente me fascina la respuesta de Isaías a este problema en los versículos 6 y 7 del capítulo 58:

“Este es el ayuno que yo amo – oráculo del Señor- : soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne”.

Qué revelación descubrir que el sonido que Dios escucha es el amor con el que amamos a nuestros hermanos más débiles.

Qué oportunidad de esta cuaresma para seguir los consejos de nuestro Pastor sobre la escucha. Sacar el ruido de nuestras vidas, descubrir el valor del silencio para la armonía de nuestra vida, sólo dar poder a la palabra de Dios en nuestras vidas, estar abiertos a la mirada del Padre en la oración y descubrir sus respuestas en nuestra capacidad de amar.

Es un lindo programa para implementarlo y podés empezar hoy en el seno mismo de tu hogar ¿no te parece? Yo también voy a empezar.

Un abrazo a la majada

Ernesto Gil Deza

 

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Sobre el autor:

En la actualidad, Ernesto Gil Deza es Director de Investigación y Docencia del Instituto Henry Moore. Activamente comprometido en la divulgación de temas relacionados con su especialidad y en el pensamiento científico, ha colaborado con numerosos medios y canales, entre ellos Canal Orbe 21, donde presentaba el programa “HM Salud”.

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