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Buenas razones

Todas las semanas Silvina Chediek genera un espacio de encuentro con distintas personalidades para que nos cuenten las buenas razones para llegar a quienes lograron ser.

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Silvina Chediek recibe a un invitado quien nos contará sus buenas razones para llegar a ser quien logró ser.

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Dr. Ernesto Gil Deza

Virtudes Saludables

Hoy no está de moda hablar de las virtudes del hombre, se habla de talento, se habla de éxito, se habla de escándalos, pero no se habla de cultivo de las virtudes. Porque las virtudes son consecuencias de un hábito, son consecuencia del ejercicio cotidiano de buscar el bien. Josef Piepper el gran filósofo alemán va más allá cuando sostiene: “El hombre virtuoso es tal que realiza el bien obedeciendo a sus inclinaciones más íntimas”, es decir está convencido que la humanización del hombre consiste en descubrir que nuestra razón de ser es hacer real el bien. En esta serie de pequeñas reflexiones sobre las virtudes nos centraremos en aquellas que hacen bien y nos hacen bien, que nos dan vida y salud, que nos permiten ser mejores.

Foto de Dr. Ernesto Gil Deza

Turistas, viajantes y peregrinos

Turistas, viajantes y peregrinos

En un mundo en el que cada vez se cierran fronteras, elevan muros y destruyen puentes, los católicos escuchamos permanentemente que hay un reino que nos espera a todos.

Un reino que no pide pasaportes porque la ciudadanía está dada simplemente por la condición humana.

Un reino que no pide más certificaciones que el deseo de conocer, amar y servir.

Un reino que no excluye a nadie, por sexo, condición, creencia.

Un reino que no margina por las faltas cometidas, si existe el deseo genuino de cambiar, reparar y construir.

Pareciera antiguo hablar del Reino de los cielos, pero parece muy moderno porque va en el sentido exactamente contrario que los reinos de este mundo.

Lo interesante que cómo a cualquier otra realidad terrena las personas solemos acercarnos al Reino de los cielos básicamente desde tres actitudes: la del turista, la del viajante y la del peregrino.

La primera actitud es la del turista.

Todos somos turistas del reino cuando admiramos los logros culturales de la Iglesia y de las religiones: la magnificencia de sus monumentos, la belleza de sus templos, los logros de sus mecenazgos, la armonía de la música sacra, la filosofía de sus claustros, el impacto de su prédica en las leyes de los hombres…

No es poco lo que a lo largo de dos milenios la iglesia ha hecho y ha logrado hacer en la vida de los hombres. Mucho del enorme entramado cultural de occidente está fundado en la ética cristiana. Pero todo eso es nada más que un barniz. Es lo que está en la superficie. De todo un templo lo más valioso está dentro del sagrario, y en el sagrario más allá de la belleza del copón es el pan consagrado lo importante, del mismo modo todo lo que se queda fuera de tu corazón es turismo religioso.

También hacemos turismo cuando nos quedamos en el legalismo de las formas y no ahondamos en el espíritu de las normas. Cuando discutimos la fórmula exacta para expresar una realidad vital, dinámica, compleja e íntima, pero no somos capaces de adentrarnos en el misterio de la realidad del hombre y su encuentro con Dios.

La segunda actitud es la del viajante.

Aquí nos acercamos para negociar.

Muchas veces conocemos más que los turistas, pero conocemos con la razón y no con el corazón.

Nos asentamos en los alrededores del templo.

Ofrecemos respuestas fáciles a problemas complejos. Transmutamos las palabras y el sentido de las palabras para tranquilizar la conciencia.

Usamos la oración para el toma y daca del canje de mis necesidades por su asistencia.

Buscamos en el texto sagrado las claves para predecir el futuro, comprender el presente, e inclusive interpretar la naturaleza, pero no para cambiar el corazón.

El viajante conoce mucho más que el barniz, es más: tiene Fe, pero una Fe que no lo cambia a él, sino que lo dota de una suerte de código para escrutar la mente y el corazón de Dios y de esa manera cree poder nadar entre dos aguas: el mundo y el reino.

La tercera actitud es la del peregrino.

El peregrino está ligero de equipaje, pero sobre todo está necesitado de cobijo. Encuentra en el Reino, paz.

Encuentra en la palabra, sosiego.

Encuentra en la oración, solaz.

No se queda en el barniz ni viene a negociar.

Está cansado del camino, quemado por el sol, aterido por el frío, lastimado por las piedras, pero sabe que en el encuentro con el Señor todo cambia. Su corazón ha sido transformado por la Fe, el Amor y la Esperanza, y desde entonces su vida ha sido un constante caminar al encuentro de su Señor.

Es un camino de ida, y es un camino incierto, nadie conoce el corazón del Padre sino el Hijo.

La revelación nos indica un camino, pero el recorrido de cada persona es único y las sorpresas del camino son constantes.

El peregrinaje no termina sino con la muerte, porque en el camino de cada vida siempre Dios está aguardando. Hasta el último suspiro El espera.

No timoneará nuestra libertad, pero fortalecerá nuestros pasos.

No nos reemplazará en nuestras tareas, pero hará fructificar el esfuerzo.

Saciará nuestra sed, calmará nuestra hambre, cubrirá nuestra desnudez, nos visitará en la celda y nos consolará en nuestra aflicción, pero también nos preguntará ¿lo haces con tus hermanos?

En el camino de nuestra vida la ruta está colmada de coetáneos, muchos indiferentes al reino y su mensaje, otros apenas turistas, algunos viajantes y unos pocos peregrinos. Estos últimos son sacramento del resucitado, signos visibles de que Cristo ha resucitado, éstos se hacen pan, agua, vestido, compañía y consuelo de sus semejantes. Estos traen el Reino entre nosotros y abren el sagrario.

En un mundo que cada vez se cierra más, hay un Reino puertas abiertas.

Un reino al alcance de todos y de cualquiera.

Un reino que abarca el universo y cabe en el corazón de un hombre.

Un reino que no tiene fin y está a un segundo del que quiere orar.

Vale la pena pedir que venga.

 

Un abrazo a la majada.

Ernesto Gil Deza

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Sobre el autor:

En la actualidad, Ernesto Gil Deza es Director de Investigación y Docencia del Instituto Henry Moore. Activamente comprometido en la divulgación de temas relacionados con su especialidad y en el pensamiento científico, ha colaborado con numerosos medios y canales, entre ellos Canal Orbe 21, donde presentaba el programa “HM Salud”.

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